Según Freud, el inconsciente juega un papel clave en nuestra experiencia emocional.
La exposición a la naturaleza puede ser una forma de acceder a ese inconsciente y encontrar calma.
Como afirmó Sigmund Freud, «La mente es como un iceberg, solo una parte emerge a la conciencia». La neurociencia respalda esta idea, destacando la relación entre el entorno y la química cerebral.